lunes, 9 de enero de 2012

¿Qué sentido tiene el dolor?

Felicitat
La sonrisa nos hace grandes pequeños...

El año pasado hizo 22 años que me diagnosticaron la esclerosis múltiple que padezco.

Cuando me dieron la noticia cursaba el segundo año de arquitectura técnica.

Como era tanta la ilusión por subir a los andamios, adelanté el servicio militar (cuando era obligatorio en España), con la intención de terminar la carrera y rápidamente poder dirigir obras…

En la facultad me habían enseñado a resolver todo tipo de problemas relacionados con la construcción, pero nadie me enseñó lo que tenía que hacer si alguna vez me diagnosticaban una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa.



Rápidamente recurrí a la fe que me transmitieron mis padres y he de reconocer que me enfrenté con Dios, ya que hasta entonces había intentado hacer todo lo que le gustaba y que mis padres me habían enseñado: querer a mis hermanos , ser buen amigo de mis amigos, trabajar bien, ir a misa los domingos, confesarme cuando hiciera alguna cosa que a mi padre Dios no le gustaba…

Me encontré con algo que superaba totalmente mis fuerzas y tuve que descubrir qué sentido podría tener esa nueva situación.

Yo era del Opus Dei y me habían enseñado que mi trabajo era un medio para acercarme más a Dios y una manera de acercarle también a mis amigos.

Recuerdo que un día a un buen amigo, Alberto, que también era de la Obra, le comenté nada más coger la silla de ruedas: qué sentido tenía ahora mi vocación… pensando que la respuesta iba a ser ninguno, me dijo de forma muy clara: Joaquín, ahora tienes pluriempleo; antes tenías que santificarte con el trabajo y ahora lo tienes que hacer también con la enfermedad.

Desde entonces han pasado varios años y he podido descubrir que detrás de estas palabras se esconde una gran verdad.

Finalmente he descubierto que no existe ningún sentido al sufrimiento fuera del sentido trascendente de la vida, es decir, teniendo la esperanza de un cielo, de una Vida después de ésta.

Escribo "Vida", con mayúscula, porque obviamente se trata de algo que no es comparable al actual, pero que sin embargo la puedo conseguir aquí abajo en la tierra; simplemente cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios.

Como me gusta decir a algunos amigos descreídos: es una apuesta que he hecho, una decisión que libremente he tomado. Ante la cara de sorpresa les comento: "no te lo pierdas, además de apuntar muy alto encima consigo estar contento, cuando sufro y trato a Dios".

Es una mezcla muy extraña: dolor-amor pero que consigue optimismo ante la adversidad, esperanza ante las contrariedades y en definitiva una alegría grande por vivir y una gran esperanza depositada, con la gracia de Dios, en el cielo.

Algunos amigos que me conocen y me quieren se sorprenden ante esta explicación y les animo a que buceen un poco en el sentido del sufrimiento, para que descubran de esta forma el sentido de su vida.

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